"¿Cuándo podré alcanzar la felicidad?". Mi gran pregunta. Pasé incontables noches pensando sobre el punto de mi vida en el cual lo mejor llegaría y la tristeza se iría, y después de un fin de semana que cambió mi percepción de las cosas y de otras personas me di cuenta de algo:
La felicidad es un estilo de vida.
No puedo vivir sentada lamentándome y quejándome de mi suplicio ni odiar a todas esas personas que me hicieron daño, y lo mejor que puedo hacer es pensar en como mejorar a partir de las críticas constructivas y dejar que las destructivas resbalen por mi piel.
La felicidad para mí consiste en perdonar, mejorar constantemente, estar en paz y trabajar no para alcanzar tus sueños, sino para vivir tu sueño. Es algo constante y que no acaba a menos que así lo desees.
La felicidad no es algo que alcanzas y que en el momento en el que la alcanzas, te quedas ahí para siempre. Si dependes de ciertas circunstancias para ser feliz, entonces serás feliz por un instante, pero si eres feliz sin importar que pase, serás feliz toda tu vida.
Estoy trabajando para construir mi camino, no a la felicidad, sino de mi felicidad. Hoy sé que mi felicidad no es condicional, no se compra ni se vende.
La felicidad no es algo fácil de construir; requiere de mucho empeño sanar nuestras heridas, ver las cosas con ojos más optimistas, sin salir de la realidad, dejar atrás el pasado, aquellas ataduras que muchas veces nosotros nos ponemos. No hay cosas imposibles, sino difíciles.
Sé que este post tal vez esté destacando cosas que son del conocimiento humano común, pero por muy increíble que sea, acabo de darme cuenta de ellas. Esta semana trabajaré en expresar mis frustraciones en el momento necesario y, una vez hecho esto, dejarlas ir para siempre. Creo que es un buen punto por el que comenzar.
¡Sonrisas para todos!
